En la frontera entre Etiopía y Eritrea, el pueblo Afar continúa desafiando las probabilidades, demostrando que ni siquiera el tiempo puede superar ciertas tradiciones. Debajo de la luz ardiente de un
sol de 50 ° grados, la vida continúa su camino de la misma manera que lo hacía hace cientos de años. Un grupo de hombres duros abren su camino a través del desierto todas las mañanas con la primera luz
del día, al igual que sus antepasados solían hacer. Algunos de los lugareños pueden incluso soportar turnos de más de 10 horas protegiendo el área.
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