Sube la marea, cada minuto que pasa un poco más. Sentado en el muelle, entre el mar y las estrellas, sentado entre dos inmensidades que te hacen parecer insignificante.

En una ocasión le dije a una chica de la que estaba enamorado que algún día le dedicaría una fotografía en unos de mis viajes, algo romántico. Pero no lo hice. Luché mucho por olvidarla ya que estaba en la otra punta del planeta y ahora que casi lo conseguí, le dedico y no se aún porque, aquella fotografía que le prometí. Tal vez lo hice por lo importante que fue en mi vida, tal vez por lo importante que siempre lo será, o ambas cosas.

No es necesario estar en un momento determinado con alguien para que sea romántico, puedes estar solo y serlo. ¿Quién decide qué es y qué no es romántico sino uno mismo?.

Si llegué hasta aquí es porque todo me salió al revés, si llegué hasta aquí es porque ninguna relación me salió como debería de haber salido, porque posteriormente las que pude tener no las quise tener para seguir mi camino. Pero sí, este momento es romántico, porque estar solo o querer estar solo no implica la ausencia de sentimientos, significa que el momento se acabo que todavía no llegó. Es romántico pararte a pesar en alguie que se aferró a tu corazón durante tanto tiempo y más en un lugar como este. Cuando miro a las estrellas pienso en todo lo que su amor me hizo volar, mientras tanto, escucho el mar y siento que la marea se llevará hoy el resto de los sentimientos que albergo sobre ella. Y entre el mar y las estrellas me encuentro yo, entre querer volver a verte y querer olvidarte, entre querer sentir que toco las estrellas de nuevo o arrojarme al mar y dejarme arrastrar por la marea hasta el olvido porque esta vez ya no pelearé por volver a la orilla como siempre hice.

La distancia me hace hace mucho daño, tanto como como tu cercanía, pues uno sabe cuando está enamorado de una persona que sabes que no es pera uno mismo y eso en algunos momentos me hace sentirme insignificante, como estar entre el mar y las estrellas.
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