Soñamos con dar la vuelta al mundo y sin percatarnos de ello dimos una vuelta al sol. Sí, viajamos constantemente de manera estática mientras nuestro cuerpo se transforma permanentemente fundiéndose poco a poco una vez más con Gaia. Durante todo este tiempo la luna viajo a nuestro alrededor y la vimos menguar o crece noche tras noche inconscientes de su influjo, que removía algo en nuestro interior de la misma manera que lo hace con las mareas.

La muerte de algún astro dio vida a una lluvia de estrellas fugaces cuya vida fue tan efímera ante nuestros ojos como eterna es nuestra avariciosa estupidez. Si la vida es tan bella, frágil y efímera como una estrella fugaz... ¿por qué pedimos deseos de futuro?- ¿Para qué rogar a una estrella en su último suspiro que me conceda una vida entera a tu lado o que me haga millonario pudiendo pedirle que me ilumines con tu sonrisa la noche oscura?.

Cuando las nubes de tormenta nos regalaron la lluvia nos escondimos esperando que acabase para escudriñar el horizonte buscando con ansia el arcoiris. Lo cierto es que nos pasamos demasiado tiempo mirando al cielo e implorando por cosas imposibles y esperando unas respuestas que nunca llegarán. Tan cierto como que durante ese tiempo nos privamos del efecto vigorizante de la lluvia al besarnos suavemente la piel, sin percatarnos de que sobre la tierra que pisamos hay un mundo lleno de magia y colores, ignorantes como siempre persiguiendo lo que no se puede tener; el efímero arcoiris.

Nada es eterno, tan sólo el fluir del tiempo. Al posar mis pies sobre la tierra me di cuenta de que estabas a mi lado y dejé de mirar al cielo para recorrer el camino contigo hasta el finito... o más allá.
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